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Baco polaco: De carne somos

  • Foto del escritor: Ailo
    Ailo
  • 7 nov
  • 5 Min. de lectura

por Ailo


Fotografía de Carlos Furman
Fotografía de Carlos Furman

Un carnaval para ejercitar el lenguaje de los dioses, de la poesía pampa que se nos ríe por debajo de la tierra.


Un viaje en tren alcanza para dar vuelta el sentido de los viejos y fundantes mitos, y transformar la historia de Las bacantes en una cruza espectacular: los años treinta y un bacanal gaucho, un territorio despojado de historias y tironeado hasta el hartazgo por contradicciones: la propiedad privada, la crianza, el nomadismo, el deseo, la muerte, la violencia, el goce y las tragedias.


En los vagones están las hermanas Reina Esther (Paloma Zaremba) y Sarita (Soledad Bautista), el Señor Silenio (José Mehrez) y Dionisio (Aníbal Gulluni) que es en apariencias un peón, pero es un dios antes de todo. En tierra firme y campo argentino un Penteo cordobés (Nahuel Monasterio) radicado en la pampa, y su maravillosa madre Ágave (Luciana Dulitzky). En el Olimpo, Kartun.


Fotografía de Carlos Furman
Fotografía de Carlos Furman

La historia de Baco polaco cuenta la de un grupo de artistas viajando de pueblo en pueblo por la pampa argentina, haciendo fiestas, poniendo música y tomando. Reina Esther lleva consigo ocho vinilos y se encarga de la elección. Su tarea es la de una vitrolera, DJs de otras épocas, iniciadoras.


Desde el comienzo de la obra se desata un recorrido hipnotizante y absolutamente rítmico que nos va entramando desde la palabra, en una búsqueda de la construcción de un lenguaje propio de esta representación. A través de un truco precioso que viene directamente del origen del teatro y es poner en funcionamiento el diálogo entre los personajes, los actores y actrices, el público, el contexto de la ficción y el contexto de la realidad; se va tejiendo la historia con nosotros partícipes del sentido de verdad, la construcción del significado completo. Lo que se podría definir más precisamente como: amada dialéctica.


Nos van imantando con un lunfardo absoluto y musical, con poesía sintética, de esas frases látigo que quedan sonando y el efecto llega un microsegundo después, con un humor perfecto y fiestero. Argentino.


Quien empieza trenzando el cuento es Dionisio (Baco en Roma), apareciéndose en este escenario y este tren, figurándose como un peón del grupo de artistas, un opa, pero con el ímpetu de un Dios. Se confiesa en ese inicio, enamorado de Reina Esther, pero enamorado de verdad.


Reina Esther y Sarita, nacidas en un burdel hijas de misma madre mas no de padre, animan la fiesta ambulante luego que el Señor Selenio da la señal de apertura del espectáculo. Una y otra vez cada noche, todas las noches, en diferentes pueblos.



Fotografía de Carlos Furman
Fotografía de Carlos Furman

Al llegar a tierra firme es donde se cruzan a un Penteo terrateniente e imberbe, principiante, salvajemente civilizado, chispa y atrevido. Y a su madre Ágave, transitando un luto y deseando abandonarlo. Él, encandilado también por la belleza y desparpajo de la bacante música Reina Esther, se declara también enamorado y ahora sí, se desata la tragedia.


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En Las Bacantes, mujeres bajo un impulso divino abandonan su mundanidad en Tebas y se retiran al monte Citerón a rendir culto a esa energía que las posee. Esa energía, Baco-Dionisio, las mantiene en un rito de danza, música, interpretación y reinterpretación, trance y sacrificio.


Pastores cercanos ven su teatro y se acercan a contarle al rey de Tebas, Penteo, lo que está sucediendo en el monte. La potencia de la práctica existencial que las encarna no iban a abandonarla ni ante la orden de un rey, y es en un acto de sacrificio y alucinación donde hasta su propia madre Ágave poseída y creyendo ver un animal, a Penteo le arrancan la cabeza. Esta pequeña y precaria síntesis del desarrollo de la historia en la versión de Eurípides (Βάκχαι) allá por el 409 a.c., e incluso de la historia fundante anterior, la que se arrastra de boca en boca, nos ubica para desplegar el espíritu de este Baco polaco.


Cuando el rito y el mito se desbordan por la adaptación a este presente, el sentido del teatro se hermana con su doble origen: el culto bacante, y la organización posterior griega, la escritura. Lo que Kartun hace con las palabras no se puede transmitir mas que viéndolas existir a través del cuerpo de los actores y actrices, un disfrute vivo, alegre.


La danza, la música, las caracterizaciones, las actuaciones, la luz, la dirección, cada porción de artilugios creativos en esta obra están ensamblados de manera tal que el mundo que se crea es nuevo e icónico. Todo el equipo de artistas que trabajan en la obra fueron estudiantes de la Escuela Metropolitana de Arte Dramático, y es el impulso divino e independiente que los junta para poner sobre la mesa una creación colectiva como broche de aprendizaje. Kartun como docente hace más de veinte años, todo el equipo como aprendices.


Baco polaco es la demostración artística de la ocurrencia del creador y la creación de las creaciones. De la mezcla 'pastiche' (sic.) de elementos, lenguajes y símbolos. De un procedimiento teatral, de un método. De retomar lo esencial y ponerlo a jugar con su vigencia contemporánea.


Poco me tienta más que el descubrimiento de vigencia contemporánea en los mitos clásicos”Kartun en esta entrevista.


Fotografía de Carlos Furman
Fotografía de Carlos Furman

Para el cierre, y gracias a los dioses ya mencionados, se desata un carnaval post sacrificio donde entre máscaras se arma un coro moderno, casi murguero, ante un Penteo carneado con cabeza de chancho, y su madre entrándole a un morcipan de él mismo.


Una maravilla moderna, o una irreverencia a la norma, o una forma esencial de procedimiento que un grupo de amantes del teatro recuperan para invitarnos a esta práctica carnavalesca de la existencia.


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Vayan a ver Baco polaco jueves, viernes, sábado y domingo a las 20hs en el Teatro Sarmiento al lado de la pampa zoológica de Buenos Aires. Entradas acá.





FICHA TÉCNICA:


Actúan

Aníbal Gulluni

Paloma Zaremba

Soledad Bautista

José Mehrez

Luciana Dulitzky

Nahuel Monasterio


Ficha artístico-técnica

Autoría y dirección Mauricio Kartun

Diseño de escenografía y vestuario Rodrigo González Garillo

Diseño de iluminación Agnese Lozupone

Diseño de movimiento Juan Manuel Branca

Diseño sonoro José Mehrez, Aníbal Gulluni

Luthería José Mehrez

Asistencia de dirección Bárbara Sánchez

Asistencia de escenografía y vestuario Julia Seras Rodríguez


SINOPSIS:


Baco polaco es pastiche de Las bacantes de Eurípides. Su esperpento. El mito aquel trasladado a un pueblo de la pampa profunda, allá en los ´30.

Reina Esther, la virgen vitrolera, lleva su música por la llanura en ocho discos de pasta. Una DJ mitológica. Allí donde llega, y suena su ortofónica, nace la fiesta. La bacanal. La gran orgía gaucha.

A su lado, siempre, Sarita, su hermana, inseparable.

En la animación el señor Silenio, el empresario ebrio.

Y ayudando en tareas de peón, Dionisio, el dios; que enamorado, perdido, de la legendaria, la sigue al trote desde siempre como su mascota.

Opa de amor, Dionisio será del espectáculo sumo autor y narrador supremo.

La troupe llega a un pueblito durante carnavales. Penteo, el heredero, hijo del poder, y -por fatuo- condena de su madre Ágave, se obsesiona con Reina Esther.

Entonces -claro- detona la tragedia.

Y por criolla, esa tragedia, su ridículo inseparable.


Mauricio Kartun



por Ailo  (@___ailo)


Ailén Cafiso (Ailo) es bailarina y artista multimedia. Trabajó como editora varios años, hoy escribe y coordina Ficcialidad, una revista cultural. Forma parte de Potencial de acción, grupo de artistas multidisciplinarios que trabajan en la creación de obras de cine y danza. En cine co-dirigió e interpretó el videodanza Parque (2022), en teatro-danza hizo La danza rota (2024) unipersonal de cuatro funciones. De las primeras bailarinas del mundo en experimentar con danza y NFTs. Explora la relación entre la danza y todas las otras artes posibles.

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