Mi contundente situación: La danza habla
- hace 3 días
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por Ailén Cafiso
Entrevista a Diana Szeinblum y breve reseña

Junto a Mersi Sevares (@_____mersi) —quien había visto la obra y reseñado en este mismo sitio en coautoría con Paz Larrocea (@paz___.x)— compusimos algunas preguntas para Diana Szeinblum, a partir de su obra Mi contundente situación que se presentó estas últimas semanas en el Centro de Experimentación del Teatro Colón. En esta nota, el intercambio con ella y una breve reseña de Ailén Cafiso (@___ailo), luego de presenciar una de las funciones en el mencionado teatro.
Mi contundente situación, con idea y dirección de Diana Szeinblum, explora la danza como lenguaje primario entre familiares reales. Como si fuera un documental vivo, se despliegan ante nosotros cuatro danzas vinculares que vienen a ponerle cuerpo a la ternura, la paridad, el amor, la simpleza. Un padre con su bebé, dos hermanos y su madre, un hijo con su madre, y una hija con su padre adulto mayor. En todos los grupos uno de los integrantes tiene relación profesional con la danza o las artes escénicas, y el otro no. Eso que queda de la danza compartida se refleja hacia el final en una reverberación de los integrantes bailarines, que se encargan juntos de encarnar un cierre con los ecos de lo que quedó en el espacio.
—Entrevista a Diana Szeinblum—
¿Cómo surgió el interés por indagar el vínculo de los y las bailarines con los miembros de su familia, desde el lenguaje primario de la danza?
Diana Szeinblum: En 2016 yo estaba leyendo Materialismo Ensoñado, de León Rozitchner, un libro muy hermoso que trabaja sobre la primera existencia, el primer contacto de los cuerpos entre el bebé y la madre y todo lo que ese tiempo preverbal significa y, de alguna manera —él lo llama materialismo ensoñado—, él trabaja sobre esa existencia como una materia. Y en ese momento, movilizada por ese libro, me llama Alejandro Tantanian para hacer algo para El borde de sí mismo en el MAMBA y tenía que trabajar en relación al acervo del museo. Buscando encontré una foto que está expuesta en el CTC de Guillermo Iuso, que dice mi mamá y yo y dice mi contundente situación, y yo como andaba en ese trip de Rozitchner y vi esa foto, con muchas ganas de indagar en recuperar aquello que se pierde, se me ocurrió este concepto.
¿Qué encontraron de diferente trabajando la danza desde estas premisas, en relación a trabajar con bailarines en otras producciones?
D.S.: Trabajar con no bailarines, diría que requiere de otros tiempos, requiere de otra escucha, requiere de un acercamiento a cuerpos que no están preparados, por lo tanto, básicamente, y algo que para mí es importante —y también de lo que creo que habla la pieza— es en relación al cuidado. Poner a un cuerpo que no está acostumbrado en relación a la danza, y un cuerpo que está en una edad en la cual no tiene todas las capacidades, habla de una enorme capacidad de congeniar y de cuidado, ya sea para uno como para el otro. Y eso es algo muy diferente, diría yo, a lo que una está acostumbrada cuando baila con otro bailarín. Hay algo que no está tan en primer plano —obviamente siempre está en un plano—, pero no tan en primer plano, y ese primer plano del cuidado hacia el cuerpo del otro, que es verdadero, es absolutamente verdadero, cuenta también lo que la pieza necesita que se cuente. Así que entre lo real y la idea de poesía utópica, como yo llamo esta performance, se juntan allí y hacen un proceso de un aquí y ahora, y una relación con lo que se quiere contar.

¿Qué se ha modificado entre los vínculos familiares luego de abordar esta creación?
D.S.: Lo que se ha modificado, —voy a hablar por mí, porque realmente no puedo hablar por los otros dúos—, con mis hijos tuvimos una gran revelación haciendo esta pieza. En principio el planteo era que yo iba a estar junto con ellos en escena, como los dúos se tratan de un performer acompañado de personas que no son performers.
Y bueno, no me resultaba realmente fácil, porque imaginate que bailar con mis hijos no era fácil y me resultaba muy difícil estar ahí adentro y no entender qué es lo que devolvía. Entonces un ensayo decidí mirar desde afuera, al tercer ensayo más o menos, decidí mirar qué es lo que estábamos haciendo desde afuera. Y cuando los vi a los chicos, vi realmente dos performers que podían solos, dos performers casi formados.
Obviamente en principio dije, bueno, no soy objetiva porque son mis hijos, por lo tanto llamé a dos personas de mi confianza para que vean de afuera igual que yo y me dijeron que sí, que recontra funcionaba que ellos estén solos. Y así fue que me corrí del dúo y así fue que pudimos observar a partir de esta experiencia que los chicos tenían un saber que habían incorporado con los años de haber estado cerca mío, de haberme visto, de haber visto, de haber escuchado. Que había un entendimiento allí que fue trasladado más allá de lo consciente.
Que hay un ADN, digamos. Entonces me corrí pensando que yo estaba en ellos, que yo estaba presente en ellos, en escena. Así que eso fue muy revelador para todos y muy hermoso también.
—Entrevista a Diana Szeinblum—
Sin esfuerzo se me caían lágrimas de los ojos, sin tristeza también. El procedimiento identitario de reparar desde la danza, —o comunicar, o simbolizar, o representar—, convoca y logra una transferencia con quienes como espectadores presenciamos ese despliegue de lenguaje matriz, que no deja afuera a nadie. Seamos bailarines o no, quienes estamos viendo Mi contundente situación tenemos dónde ubicarnos en la identificación con esos vínculos. Un hijo adulto acunando a su madre como un bebé, su madre admirándolo en su despliegue bailarín. Un padre aprendiendo de la comicidad y libertad de su hija, jugando con ella y bailando cumbia aún superando los setenta años. Hermanos simbiosis y choque, peleas y abrazos, enérgicos y competitivos, compañeros. Una bebé imitadora de su papá bailarín, proponiendo nuevas maneras del cuerpo que quizás con los años nos vayamos olvidando.

Estos procedimientos de poesía utópica —como lo llama Diana—, o de experimento indispensable, deberíamos poder atravesarlos en sociedad, socializarlos como quien dice. Las palabras no dicen todo, son solo una parte de nuestro intento de entendimiento entre humanos. Un goce, una mirada, un movimiento de juego sutil y simple abarca más de lo que la comprensión misma puede tratar de definir. Indefinible. Diana Szeinblum no solo incorpora una propuesta escénica más a su maravilloso repertorio, sino que resalta la importancia de la danza más allá de los límites de lo escénico, de lo contemplado, de lo ensayado. La danza como lenguaje, como forma de comunicación primaria y primordial, como revelación.
Mi contundente situación atraviesa a todas y cada una de las personas que tengan la posibilidad de presenciarla. No hay que hacer mucho, solo estar, recibir esa trenza de amor que se teje entre familias, con la sensación de estar frente a un mar inmenso, cerrar los ojos y dejarse llevar.
~Todas las fotografías pertenecen a Jazmín Tesone, Martina Perosa y a la obra Mi contundente situación.~
~Especial agradecimiento al equipo de prensa del Centro de Experimentación del Teatro Colón por permitirnos realizar esta entrevista.~
FICHA TÉCNICA:
Dúo 1: Rodolfo Opazo – Quío Garat Opazo + Vera Garat
Dúo 2: Rafael Nir y Lorenzo Nir + Diana Szeinblum
Dúo 3: Hernan Franco y Roxana
Dúo 4: Natalia Tencer – Luis Tencer
Diseño sonoro y música en vivo: Macarena Aguilar Tau (MAQ)
Diseño de luces: Adrián Grimozzi
Diseño de espacio: Julia Sbriller
Fotografía: Jazmín Tesone
Colaboración artística: Eugenia Estevez
Asistencia de dirección: Damiana Poggi
Idea y Dirección: Diana Szeinblum
por Ailén Cafiso (@___ailo)
Ailén Cafiso es bailarina, artista, escritora. En cine co-dirigió e interpretó Parque (2022), en teatro creó e interpretó La danza rota (2024); ambos de Potencial de acción. Escribe y coordina Ficcialidad, revista cultural. Una de las primeras bailarinas del mundo en experimentar con danza y NFTs. Sus trabajos en ailo.work



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