Pastor Alemán: Un secreto familiar que se hace obra
- Nicole Popper

- 26 ago
- 4 Min. de lectura
por Nicole Popper

Si combinamos una historia real y profundamente conmovedora con la potencia poética de quien busca reabrir su propias vivencias y convertirlas en metáfora, nos encontramos con Pastor Alemán.
Cuatro artistas en escena. Dos actores-bailarines (Vic y Franco, también dramaturgo y director junto a Sofia Jaimot) y un operador de video (Pedro), son hermanos en la vida real. El saxofonista es el padre -real también- de los tres. Una familia puesta en escena. En todos los sentidos. El material de archivo acompaña. Fotos familiares, objetos reales, y VHS ayudan a contar esta historia.
Los hermanos Maurizi (Franco, Vic y Pedro) le deben su vocación artística a su abuelo Alberto, que fue payaso y bailarín y los subió a un escenario por primera vez. El relato toma un giro inesperado una vez que descubren que su abuelo también fue policía durante la última dictadura militar, en la división Perros, adiestrando pastores alemanes.
Un sinfín de preguntas se abren para nunca más volver a cerrarse. ¿Quiénes somos? ¿Quién fue Alberto? ¿Por qué hay tantas fotos de nuestro abuelo bailando pero no de cuando fue policía? Dudas que queman, arden, pinchan y no se resuelven son las que motorizan este biodrama. El archivo es real, la familia es real, las cicatrices son reales.
El valor del biodrama como género radica en la potencia que emerge desde lo particular y se dispara hacia lo universal. Los hermanos Maurizi viven y crean con esta tremenda contradicción. Pero, ¿qué familia no conlleva sus propias paradojas? ¿quién afirma que un abuelo cariñoso y sensible no puede también ser quien coordine una emboscada contra los “subversivos”?
En Pastor Alemán se erige un mito: Alberto, el conquistador de la llanura de Temperley, es quien con sus pasos rebeldes de tap, hizo entrar al arte en esta familia. Descubrió su talento para bailar, después se enamoró de Magu, la abuela materna de los Maurizi, y luego ingresó a la Policía. Vemos episodios de esta historia llena de claroscuros contada por estos jóvenes intérpretes, que buscan su identidad mediante el teatro y la poesía. Quizás solo reconstruyendo los episodios de la vida de Alberto puedan responder alguna de las preguntas. O quizás no. Quizás teatralizar sea una forma también de buscarse, no de encontrarse. Quizás la ficción dispare más contradicciones, arroje menos certezas. Imaginar esa infancia, desde cierta ingenuidad fabulera, ese romance entre abuelos, sirve como soporte para después construir el contraste con el vacío: ¿qué hace que esa persona quiera ser Policía?
Pastor Alemán parte de una premisa poderosísima. De esas que si uno las quisiera escribir otros tildarían de inverosímil. ¿Es que es posible que el payaso más encantador de Temperley sea a su vez capaz de dar la orden letal a un perro que ataca sin cuestionar? La maravilla de esta obra es que no se queda en lo curioso de la anécdota. A través de la ficción, apoyada fuertemente en hechos reales, esta familia distorsiona, estira, encarna y complejiza su propia historia. Los Maurizi realizan en escena un ejercicio performativo de memoria colectiva.

¿Y las cicatrices en el cuerpo del abuelo? Podrían ser huella de las aventuras más fantásticas: peleas con tigres, con tiburones, enalteciendo su heroísmo... pero no. Estos nietos no saben de qué son, sin embargo intuyen que es mejor seguir preguntándoselo. Renombrar las heridas es abrir la pregunta, y esas cicatrices en un cuerpo ajeno, cuyo origen desconocen, duelen como si fueran propias. Son puntos suspensivos en una familia que se sigue reescribiendo a sí misma.
El pastor alemán funciona como signo que se repite en la obra y hunde el dedo en la herida. Si un animal puede ser adiestrado, ¿desaparece su animalidad? Si un payaso puede ser un asesino, ¿dónde queda su humanidad? El animal puede morder sin dudar y los humanos podemos ejecutar sin cuestionar, o bien continuar un legado sin frenar a hacerse las preguntas incómodas.
En una era artística en donde la mercantilización pareciera ponderar la novedad, Pastor Alemán nos hace pensar en el valor de la originalidad. Originalidad no como innovación, sino como “fiel al origen”. Acá no se expone una peripecia para ser distintos, se cuenta la única historia que se puede. Se realiza una transformación poética de lo heredado. Una resignificación de la propia identidad. Volver al mito propio para preguntarse: ¿quién fue el abuelo? ¿ese hombre frágil despidiéndose con ojos profundos? ¿el conquistador de la llanura de Temperley? ¿qué hizo durante la dictadura esa persona que nos enseñó el lenguaje de lo sensible? Y si nosotros estamos en un escenario gracias a él, ¿cuál es nuestra labor como artistas? Pastor Alemán construye un relato poroso, lleno de huecos por los cuales se siguen filtrando interrogantes y dolores. Estallada de expresividad y dotada de un ágil y entretenido ritmo gracias a la dirección e interpretación actoral, un texto precioso y una música que acompaña y deja un sello inolvidable, esta obra nos invita a convivir con la contradicción. Alberto era payaso y bailarín; y también era policía. Lo fue y lo será para siempre.
¿Y nosotros? ¿Quiénes somos? ¿Quiénes decidimos ser? ¿Somos capaces de crear un mundo donde los Albertitos puedan elegir ser solo bailarines y no policías? ¿Podemos alojar esas paradojas sin pretender trazar una línea divisoria que deje de un lado a “los buenos” y de otro a “los malos”? ¿Somos capaces de ver nuestros propios rasgos bestiales? ¿Podremos algún día entender por completo quiénes somos y hacia dónde queremos ir?
FICHA TÉCNICA:
Autoría: Franco Maurizi
Actúan: Diego Maurizi, Pedro Maurizi, Victoria Maurizi
Músicos: Diego Maurizi
Iluminación: Carolina Rabenstein
Diseño sonoro: Diego Maurizi
Fotografía: Natalia Bovati, Francisco Jarrin, Francisco Jarrin
Asistencia de escenografía: Nehuen Serpa
Producción: Aye Del Valle
Dirección: Sofía Jaimot, Franco Maurizi
por Nicole Popper (@nicole.popper)
Nicole Popper es actriz, directora y dramaturga. Estudió Actuación y Dirección teatral en la UNA y se formó en Dramaturgia en la EMAD. También escribe poesía. Como autora y directora, estrenó Pájaro en mano (2016) y Targlok: sobre las reglas terrícolas (2018 y 2022). Actuó en teatro y en tele, y en 2023 la nominaron a los Premios Hugo por su actuación en Llega la mañana. Ahora está ensayando Max Garita, su próxima obra como dramaturga y directora, a estrenar en noviembre en Espacio Callejón.



Comentarios