Un poyo rojo: Encantamiento universal
- Ailo

- 14 ene
- 3 Min. de lectura
por Ailén Cafiso

Tan solo bastan dos cuerpos y ninguna palabra para dominar un teatro y, quién sabe, un mundo.
Un poyo rojo es un hito de la creación independiente, una riña que lleva quince años en escena, una batalla de talento y una danza de cortejo interminable.
Creada por Luciano Rosso y Nicolás Poggi en 2008, y con posterior incorporación de Hermes Gaido en dirección, la obra tuvo sus primeras presentaciones en salas independientes de Buenos Aires, Rafaela, Santa Fe y Rosario. En 2011 ingresa Alfonso Barón como intérprete, y desde ese momento se presentan ininterrumpidamente año tras año en teatros y festivales de todo el mundo.

Las primeras respiraciones que los intérpretes ejecutan en el escenario después de haber estado entrenando frente a nosotros con unas cumbias psicodélicas de fondo, son la artillería necesaria para calmar a un público charlatán, movedizo y argentino que los espera con cierta intriga y expectativa total.
Dos hombres en una síntesis de vestuario se preparan para algún tipo de ejercicio físico. Un locker gastado, un banco, dos toallas a la vista, una radio de las de antes y varias botellas de agua completan la escena. Ellos, uniformados y miméticos, comienzan a desplegar su máquina de movimientos rutinarios que irán desarmando paso tras paso.
Una danza precisa que se aburre de sí misma y se deja filtrar por otras intenciones, la creatividad como terreno de disputa y seducción, el amor que se va forjando en un sinfín de ver quién propone algo mejor, más divertido, más presente, más libre.
El poder absoluto del lenguaje universal que es el cuerpo, la danza, el teatro físico o como se quiera nomenclar a esta práctica, ubica al cerebro espectador en un estado de comprensión natural, de pura reacción lúdica y sin obstáculos de palabras que complejicen la interpretación. Esto hace de la experiencia de presenciar Un poyo rojo un estadío completo de disfrute, además claro de la maravilla que es ver artistas físicos semejantes, de esos que llevan sus condiciones al límite entre lo humano y lo divino.
Hay condimentos que tuercen la atemporalidad de la obra, y son dos gestos en constante modificación: la danza y la radio. Por un lado, durante el duelo físico por momentos imitan danzas típicas seres humanos de hoy, encontré algunas de Fortnite, pasarelas de vogue, desfiles de moda, algún que otro tiktok, raperos beatboxeando, bailarines clásicos que amagan con grandilocuentes grand jettés. Estas danzas las han ido actualizando a lo largo de los años, y eso mantiene a su vez a la obra en un presente continuo. Por otro lado, la radio como elemento directo de realidad. Sintonizan diferentes diales reales de la ciudad en que estén presentándose, y organizan climas a partir de lo que toca en el momento. Partidos de fútbol, misas, publicidades de aromatizadores o electrónica de turno.

El duelo es real y se desata cada vez que Un poyo rojo comienza.
Una oda justísima al poder del teatro físico, del humor, de la danza más primaria y del lenguaje universal. Como si hubiera ganado Meyerhold en esencia y práctica. Como si se pudiera despojar la realidad de todo lo que no es visceralmente necesario para una comunicación, como si se pudiera llegar a la mínima expresión posible para contar lo máximo.
Un poyo rojo deja muchas cosas por ahí, miguitas de chistes, trucos, risas extremas y sorpresa. Pero por debajo de toda la obra y como gen estructural está la historia de un amor, de enamorarse con precisión, confusión y sutilezas. De batallar con lo mejor que se tiene para sorprender, encantar, y hechizar a un otro, en un vestuario de deportes, en un teatro, o en un mundo destrozado como un pollo.
Funciones en Argentina en enero solo los martes a las 20hs, y los jueves a las 22hs, en el teatro Metropolitan. Entradas acá.
Vayan sí o sí.
*Algunas fotografías utilizadas en la nota son de Sabrina Cirillo
FICHA TÉCNICA:
Actúan: Alfonso Barón, Luciano Rosso
Fotografía: Alejandro Ferrer
Coreografía: Nicolas Poggi, Luciano Rosso
Dirección: Hermes Gaido
por Ailén Cafiso (@___ailo)
Ailén Cafiso (Ailo) es bailarina y artista multimedia. Trabajó como editora varios años, hoy escribe y coordina Ficcialidad, una revista cultural. Forma parte de Potencial de acción, grupo de artistas multidisciplinarios que trabajan en la creación de obras de cine y danza. En cine co-dirigió e interpretó el videodanza Parque (2022), en teatro-danza hizo La danza rota (2024) unipersonal de cuatro funciones. De las primeras bailarinas del mundo en experimentar con danza y NFTs. Explora la relación entre la danza y todas las otras artes posibles.



Comentarios