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La muerte de un viajante: Ser alguien

  • hace 2 días
  • 3 min de lectura

por Vic Armada


Uno de los aspectos que sigue resonando desde el estreno de La muerte de un viajante, en 1949, es la manera en que desmonta la idea de "ser alguien en la vida". Arthur Miller pone en crisis el sueño americano, la noción de que el valor de una persona depende de los logros que acumula. Willy Loman (Alejandro Awada) ha construido toda su identidad alrededor de esa promesa: alcanzar el éxito y el reconocimiento como prueba de que su existencia ha valido la pena.


Con una puesta dirigida por Daniel Marcove que se mantiene fiel al universo original de Miller, la obra expone la trampa de la meritocracia: si el éxito depende exclusivamente del esfuerzo individual, el fracaso también se convierte en una responsabilidad personal. Willy no sólo enfrenta el deterioro de su economía y el descubrimiento de un mercado laboral que ya no tiene lugar para él, sino también el duelo por no haberse convertido en el hombre que imaginó ser. Ese desencanto alcanza también a sus hijos, Biff (Junior Pisanu) y Happ (Toto Salinas), sobre quienes proyectó —quizás con más intensidad que sobre sí mismo— las mismas expectativas de realización.


La muerte de un viajante también revela aquello que el discurso meritocrático suele ocultar: el peso del azar, las circunstancias y las desigualdades en el destino de las personas. Ben, el hermano de Willy, encarna la fantasía de la fortuna, de haber estado en el lugar indicado en el momento justo. Su vecino Charley, en cambio, representa una mirada mucho más pragmática: entiende el trabajo como una necesidad para subsistir, sin convertirlo en el fundamento del propio valor. Entre la admiración por Ben y cierto desprecio hacia Charley, Willy termina amalgamando su identidad al éxito económico y al capital social construido a partir de su carisma. Está convencido de que triunfar es, ante todo, una cuestión de actitud.


La escenografía acompaña y profundiza esa lectura. Los objetos viejos, amontonados y en desuso construyen un paisaje de desgaste que parece proyectarse sobre el propio Willy. Los electrodomésticos que vuelven a romperse apenas son reparados funcionan como una metáfora de un sistema que prometió estabilidad a largo plazo pero que empieza a evidenciar sus fallas. Incluso la casa se resquebraja, dejando al descubierto las grietas de una familia que durante años intentó sostener la apariencia de perfección.



El trabajo actoral sostiene con enorme solidez la potencia del texto. Alejandro Awada compone un Willy Loman con gran intensidad física y emocional: un hombre orgulloso, contradictorio y profundamente vulnerable.


Ingrid Pelicori, por su parte, construye una Linda de una sensibilidad extraordinaria. Lejos de quedar reducida al lugar de esposa abnegada, le aporta matices y firmeza al personaje que sostiene, día tras día, los derrumbes silenciosos de su familia. Gustavo Rey, Marcos Woinsky, Lucas Matey y Anahí Gadda completan un elenco que se destaca por la naturalidad con la que se apersona en los personajes. 


A más de siete décadas de su estreno, La muerte de un viajante conserva intacta su capacidad de interpelar. Porque detrás de la historia de Willy Loman sigue latiendo una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando una sociedad convence a las personas de que su valor depende únicamente de aquello que logran?.



FICHA TÉCNICA:


Autoría: Arthur Miller

Versión: Federico González Del Pino, Fernando Masllorens

Traducción: Federico González Del Pino, Fernando Masllorens

Actúan: Alejandro Awada, Anahí Gadda, Lucas Matey, Ingrid Pelicori, Junior Pisanu, Gustavo Rey, Toto Salinas, Marcos Woinski

Diseño de vestuario: Alejandro Mateo

Diseño de escenografía: Marcelo Salvioli

Realización escenográfica: Eduardo Spindola

Realización de vestuario: Sarterealizadoras

Música original: Sergio Vainikoff

Técnico De Luces: Manuel Mazza

Diseño De Iluminación: Miguel Morales

Fotografía: Nacho Lunadei

Arte Gráfico: Nahuel Lamoglia

Comunicación: Marta Barnils

Asistencia de dirección: Marta Barnils

Prensa: Rf Prensa

Producción ejecutiva: Rubén Sibilia

Producción general: Alberto Teper

Dirección: Daniel Marcove

Agradecimientos: Osvaldo Bermúdez, Rubén Hernández Miranda, Sastrería Matices


por Victoria Armada  @vicarmada


Victoria estudió Ciencias de la Comunicación en la UBA. Se dedica a la comunicación para proyectos culturales y de activismo por los Derechos Humanos y Animales. Explora a través del collage otras formas posibles de habitar el mundo.

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