¡Chau, Macoco!: Al mosquito del teatro, la vida
- 20 may
- 4 min de lectura
por Ailén Cafiso
Sobre ¡Chau, Macoco! obra a 40 años de la creación de la banda de teatro Los Macocos, con Daniel Casablanca, Martín Salazar, Marcelo Xicarts y Gabriel Wolf, con dirección y dramaturgia de Mariana Chaud.

Unas preciosas viudas con urnas nos reciben en el hall del Teatro Regio y nos preguntan si habíamos visto alguna vez a los Macocos. Es la primera vez, les respondemos con mi amiga de rulos impecables a quien conocí en la EMAD de Jufré en 2014. Las viudas nos charlan, charlan con otros, y se pierden entre la gente. Nos confesamos ahí entre nosotras que efectivamente nunca habíamos visto al histórico grupo teatral, a quienes en esta paradoja argumental los conocemos en su obra 40° aniversario. El teatro, inaugurado en 1929, nos sorprende porque nunca habíamos entrado, y porque combina una mezcla de arreglos sobre arreglos que se empastan en un collage arquitectónico de años.
Las viudas se hacen dueñas de la sala, dos a cada lado de la platea y con sus urnitas en mano advierten en prosa que lo que está por comenzar es un espectáculo teatral, que seamos respetuosos y no interrumpamos con pantallas iluminadas. De un movimiento se embarcan en una balsa rarísima en medio del escenario, y navegan en este prólogo constitutivo, donde nos cuentan una por una qué le paso a su Macoco, por qué lo llevan en esa urna, y cómo les darán la despedida.

Empezamos a conocer a Los Macocos en sus procedimientos actorales, entran y salen de la estructura con rompimientos ficcionales y reales que se agradecen para quitarle lo inalcanzable al teatro, y hacerlo por sobre todas las cosas más humano. Se ríen entre ellos y entre ellas, y dejan entrever la construcción de lo que será la mejor obra de teatro que vi en mucho tiempo.
De la escena de las viudas al mosquito del teatro, el bichito que te pica y no te permite seguir adelante con tu vida. Marcelo Xicarts lo personaliza con un vestuario impecable, e ingresa un Gabriel Wolf bebé en una cuna digna de una película de Monty Python, a quien lo hechiza la picadura actoral. En un arrebato de realidad, Gabriel cuenta a público cómo fue que el teatro irrumpió en su vida, y entendemos que no solo vamos a conocer a Los Macocos, sino también a las personas detrás de los actores.

De igual manera, y entre escenas donde se mezclan clases de teatro con profesores de los ochenta, un marido de una viuda en terapia intensiva, y soportes de personajes en función de las historias de los otros, cada uno de los integrantes de la banda de teatro revela en qué momento de su vida el mosquito del teatro les picó de una vez y para siempre.
Daniel Casablanca, nos confiesa un momento de su infancia en que se dio cuenta que eligió actuar en vez que ser; Marcelo Xicarts, nos cuenta cómo deseaba que algún test vocacional le firme un papel que lo acredite actor ante su familia, y Martín Salazar nos hace llorar de amor en una historia de amistad y simpleza que lo une a su colega desde chico.
Entre risas absolutas y lágrimas de verdad, Los Macocos entran y salen de la historia de las viudas y del fin de sus Macocos, para compartirnos el detrás de ellos mismos y el detrás del teatro. Cuatro hombres que desde 1985 se ocupan de sostener su propia manera de hacer y deshacer teatro, como ellos —muy atinadamente— lo definen.

Los hilos de cuarenta años de funcionamiento tejidos por Mariana Chaud, hacen de ¡Chau, Macoco! una oda maestra. No es solo un homenaje a ellos mismos por ellos mismos, es una fiesta de despedida y de apertura. El precedente de crear, crecer, existir en la escena, y hacer crecer su método esencial, a todos nosotros que no abandonamos la idea de que el teatro sirve para algo, nos esperanza. La ilusión, deshacer lo que sea necesario para que estas libertades nos guíen por los tiempos de los tiempos. Y que los mosquitos nos interrumpan la vida si es para sostener una verdad, que solo cuatro o diez mil pelucas puedan portar.
Como si fuera poco, y con doble final como las buenas obras, un multiverso posible se presenta en escena en el caso que los cuatro integrantes no se hubieran dejado picar por el mosquito del teatro. Tienen una banda de rock en un taller mecánico, tocan música real en vivo, y se despiden de nosotros con un recital maravilloso. En el saludo, Daniel, Martín, Marcelo y Gabriel ya sin pelucas saludan e insisten con la pésima situación de supervivencia de jubilados, discapacitados, educación pública, salud, y todo lo que es verdad en este tiempo. Los Macocos lo hicieron hace cuarenta años y lo hacen hoy: hacer y deshacer el teatro, es otra forma de actuar en realidad.
Funciones hasta el 31/05 en el Teatro Regio. Entradas acá.
Todas las fotografías pertenecen a Carlos Furman y a la obra ¡Chau, Macoco!
FICHA TÉCNICA:
Diseño de escenografía: Ariel Vaccaro, Paola Delgado
Diseño de vestuario: Analía Morales
Diseño de iluminación: Eli Sirlin
Música original: Los Macocos y Tomi Rodríguez
Diseño sonoro y arreglos musicales: Tomi Rodríguez
Coreografía: Luciana Acuña
Voz en off: Pedro Saborido
Prensa: Natalia Bocca
Asistente de dirección y Producción Macocal: Jimena Morrone
Dramaturgia y Dirección: Mariana Chaud
por Ailén Cafiso (@___ailo)
Ailén Cafiso es bailarina, artista, escritora. En cine co-dirigió e interpretó Parque (2022), en teatro creó e interpretó La danza rota (2024); ambos de Potencial de acción. Escribe y coordina en Ficcialidad, revista cultural. Una de las primeras bailarinas del mundo en experimentar con danza y NFTs. Sus trabajos en ailo.work



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