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King Kong pisó Argentina

  • hace 3 días
  • 7 Min. de lectura

Cómo el animatronic original de King Kong casi muere abandonado en Mar del Plata pero al final no.










Historias que podrían

ser ficción, pero son

absoluta realidad











El animatronic original de King Kong, diseñado y construido por Carlo Rambaldi, creador de las mejores criaturas del cine (Alien, Possession, Lady Frankenstein, E.T., & mil más), estuvo en Argentina entre el '78 y el '79, corrió el riesgo de quedar abandonado en un baldío en Mar del Plata, y fue picoteado por una bandada de niños en Devoto que se quedaron con sus inmensos dientes y mechones de pelo, que años más tarde venderían por internet. Pelo que, originalmente fue obtenido para su confección, a partir de crines de caballos argentinos. El productor Dino De Laurentiis optó por hacer girar al muñeco después del rodaje de la película, para recuperar parte de la inversión, y una empresaria argentina negoció con él para hacer una gira por latinoamérica.



La historia es larga y vale la pena, y se llegó a saber completa gracias a la investigación de Fernando Soto, historiador marplatense que de niño había visto a King Kong abandonado en ese baldío y hace algunos años se encargó de reconstruir la veracidad del recorrido. Escribió varios artículos centrales a lo largo de los años, donde cuenta en detalle su investigación, y cómo fue tomando giros diferentes a medida que publicaba notas y se le acercaban testimonios. Así fue que entrevistó a la empresaria en cuestión, y al niño de Devoto que aún guardaba los dientes sustraídos. Habiendo derribado todos los mitos posibles de que el muñeco en verdad había sido abandonado y despedazado en ese baldío de Mar del Plata, Fernando Soto reconstruyó la historia completa y se puede leer aquí.



Para la remake de 1976 de King Kong, dirigida por John Guillermin y producida por Dino De Laurentiis, utilizaron una técnica mixta para las escenas del mono. Por un lado, un hombre con un monkey suit, y por otro un animatronic de 17 metros de altura creado por el maestro de los animatronics, el italiano Carlo Rambaldi. El muñeco es a mi parecer altamente superior al resultado que quedó en la película, donde se lo utilizó en unas cinco o seis escenas, y no estoy segura que con los mejores planos posibles. Hay que mencionar que la novedad de tener aparte una mano mecánica gigante donde Jessica Lange podía quedar atrapada, era de un aporte creativo y artístico que impacta aún hoy en imágenes. Un comentario de un cinéfilo en internet decía que en una mala ejecución de la mano gigante, algún sistema colapsó y el robot se desplomó junto a la actriz. Atravesaron un momento de tensión y set en pausa hasta que los técnicos chequearon que la actriz estaba bien.


Ya por el año 1978, una empresaria argentina Beky Simone Pérez Pichón gestiona una reunión con Dino de Laurentiis en persona a través de un contacto en común, y a raíz de una idea de un empleado suyo que le propone alquilar el muñeco. Firmó contrato por una gira del animatronic en varios países de latinoamérica, licencia para producción de merchandising, y responsabilidad legal por seis meses. Dos condiciones, el muñeco no podría moverse de la cintura para abajo, y viajaría al los primeros meses un ingeniero para asistir a técnicos en su uso.



Contrato en mano, Beky comienza la búsqueda de inversores. Es así que cuando los socios directores del Diario Crónica (Ricardo Gangeme y Héctor Ricardo García), quienes también estaban interesados en traer al muñeco, se enteran que Beky tenía el contrato firmado, pactan una reunión con ella. Con un negocio cincuenta-cincuenta, y la inversión inicial completa de parte de Crónica, una vez transferidos los 500.000 dólares que cubrían únicamente el primer traslado, el acuerdo estaba iniciado y "La octava maravilla" empezó su camino.


Se puso en marcha una comunicación de altísima expectativa, y una gestión minuto a minuto con complejidades semejantes a trasladar un muñeco así, en barco desde EE.UU. Beky cuenta que llamó a la NASA para hacer el traslado, y que la rechazaron porque el mono era más grande que un cohete. Una vez que el muñeco arribó a puerto, se lo trasladó desarmado en dos camiones con ocho cajas, por Av. Santa Fe con el sentido cambiado camino a La Rural, y una transmisión de ATC en vivo en la que Pinky era conductora y nombrada "madrina" de la visita del personaje. Cuando King Kong llegó a La Rural, hubo que construir una carpa que lo cubra, ya que no cabía de pie en ningún pabellón.



Al comienzo plantearon un show con circo, acróbatas, canciones, una historia que sostenga la aparición del personaje, pero en las dos primeras funciones la gente ya un poco molesta por demoras técnicas, pedían con aplausos que aparezca el mono. La temporada en La Rural, tuvo bastante aceptación y bastante rechazo. Los comentarios de quienes asistieron son absolutamente opuestos en partes iguales: o era un muñeco tieso que no hacía nada más que tres gruñidos por parlante, o era impactante y recuerdan a la perfección cómo se movía y sonaba. Deben haber sido un poco de las dos.

Beky productora, andaba por el mundo —no recuerdo si vivía en Francia o estaba de viaje—, y con el negocio en marcha, escuchaba las iniciativas de los inversores que tenían la intención de hacer temporada de verano en Mar del Plata con el mismo espectáculo. Beky comentó que no le parecía buena idea, pero los inversores lo llevaron adelante igual.


Apenas King Kong llega al predio elegido, el antiguo Estadio Bristol ubicado en Luro entre España y Jujuy, notan que no entraba de pie, y debían hacer un pozo para colocar la carpa, y poder mantenerlo los meses que dure el espectáculo. Esto retrasa el comienzo del show en temporada un mes, y la asistencia durante las funciones no fue exitosa para nada. Quienes veraneaban en Mar del Plata probablemente ya lo habrían visto en La Rural, y quienes fueron locales se encontraron con una precaria aparición de un muñeco que solo movía los ojos, la cabeza, y se escuchaban unos ruidos. En la involución del espectáculo, hay quienes dicen que le hacían preguntas al mono y contestaba un técnico con la voz distorsionada:


—King Kong, ¿sos de Boca o de River? ¿Te gusta Argentina? —y otras ridiculeces.


La convocatoria fue de mal en peor, el espectáculo se suspendió y King Kong quedó tapado con una lona durante meses, a la intemperie.

Es en este momento de la historia, cuando muchos habitantes de Mar del Plata se cruzaban el muñeco en Av. Luro, que comenzaron a producirse las historias callejeras, los mitos urbanos del muñeco: que un circo lo había comprado y girado por el país, que lo habían desguazado y construido casas con sus materiales, que lo vieron tirado en La Boca, que se lo comieron las ratas, que terminó en un basural, que un farmacéutico lo compró y lo exhibía en la vereda cerca del Asilo Unzué, que había terminado en un galpón en Devoto y que había seguido viaje a San Pablo.



Es que las cosas y las personas desaparecían en esos momentos en la Argentina.


Qué pasó verdaderamente con King Kong después de haberlo visto abandonado en Mar del Plata fue la pregunta que impulsó al historiador Fernando Soto a descubrir la verdad.


Y esto pasó.



Cuando Beky se entera que el muñeco estaba en esas condiciones y abandonado en el predio en Mar del Plata, y con una intuición de peligro, presión o amenaza por parte de los inversores (que dicho sea de paso tuvieron una vida un tanto mafiosa), gestiona una retirada del muñeco habiendo hablado primero con el próximo país al que giraría: Brasil. En San Pablo, un parque de diversiones llamado PlayCenter estaba interesado en exponerlo, y Beky debía trasladarlo hasta allá sin intermediarios. El traslado sería de noche, y King Kong viajaría por la Ruta 2 hasta un terreno baldío en Devoto, donde estaría algunos días antes que el transporte definitivo hasta Brasil lo busque. De la noche a la mañana, King Kong desapareció en Mar del Plata.


En la plaza de Devoto, un niño Daniel juega con sus amigos, mientras otro niño se acerca a contarles que a dos cuadras había visto al mono d ela película tapado con una tela. El grupo de niños va sin dudar a corroborar que semejante ícono estaba efectivamente acostado ahí nomás de sus casas. Daniel recuerda que hacía frío, que se escondían detrás de la lona que cubría al muñeco, y que optaron por llevarse un par de dientes y pelos del mono, que era lo más fácil de agarrar. Todo era gigante y pesado.



El muñeco después de ese episodio en el que durmió unos diez días en Devoto, y luego siguió su recorrido hacia Brasil. Fernando Soto descubrió la historia gracias a que ese niño Daniel publicó los dientes en internet para venderlos, y se contactaron. Beky, confundió a Fernando Soto con su empleado que también se apellidaba Soto, y le envío un mensaje muy enojada diciéndole que había leído su nota y que no podía decir semejantes mentiras de que King Kong había sido abandonado. Fernando no entendió nada, se contactó con Beky. Fue un malentendido por portar el mismo apellido. Se reunieron, y ella le brindó una entrevista con lujo de detalles, momento en que Fernando finalmente llegó a la última verdad de la historia.



Así fue la desaparición, traslado, y aparición de la historia del animatronic más impresionante del cine, en 1978, en una argentina destrozada y confundida, donde el relato tiene fuerza y parece que gana, pero la verdad siempre y después de todo, aparece.


Esta historia también fue contada en formato short video acá:

SHORT YTTIK TOKIG REEL


Ficcialidad 04

King Kong pisó Argentina

Fotografías extraídas de artículos periodísticos de internet

Fotografías creadas con herramientas generativas para construir el relato de la ficcialidad 


Notas consultadas:

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